Seminario de Discipulado
 
Monday, March 15, 2010
TEMA # 6: “La Preparación del Discipulador”
 
TEXTO: Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de que avergonzarse, que maneja con precisión la Plabra de verdad. 2 Timoteo 2:15.
INTRODUCCION: El Señor antes de enviar  a sus discipulos, los preparo espiritualmente. Pedro era un hombre que no curso estudios teologicos, pero estuvo a la sombra de Cristo. Existe una gran necesidad de obreros que vayan a servir a la mies del Señor, sin embargo, no pueden ir los que quieran, o cualquiera, sino quien el Señor envia.
DESARROLLO: Los siervos del Señor que aparecen en las Escrituras pasaron por un perdiodo de preparación, algunos jemplos son: Moisés, Josué, Pablo, y el más grande de todos, Jesús. Lucas 2:52. El discipulador será un buen siervo si aplica en su vida los puntos básicos que forman parte de su preparación.
    1.    Tener la realidad de un Cristo Resucitado:
El Señor no envió a sus discípulos a hacer discipulado, sino hasta después de su resurrección. No podemos hacer un buen discipulado si por dentro no tenemos la convicción de un Cristo resucitado. Pablo dijo y si Cristo no ha resucitado, vuestra fe es falsa (1ª Corintios 15:17 BLA). Si el discipulado es transmitir vida y no hemos tenido un encuentro con la Vida, ¿Qué han de recibir nuestros discípulos? Debemos encontrarnos con un Dios vivo, que se manifiesta diariamente; que nos enseña, guía, redarguye, etc. En el libro de los Hechos capitulo cuatro vemos que reunidos los escribas vieron la confianza con que Pedro y Juan enseñaban, dándose cuenta "que no tenían preparación pero habiendo estado con Jesús, ellos pudieron testificar. No podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído (Hechos 4:20). Cuando vamos únicamente con una clase preparada a impartirla, sin estar impactados por una experiencia, lo que transmitir.
 
    2.    Ser llenos del Espíritu Santo:
Para que nuestra labor sea fructífera debemos esperar la promesa del Espíritu Santo (Hechos 1:4-8). Nadie que no sea lleno del Espíritu Santo podrá transmitir vida. Apolos era un conocedor de las Escrituras y elocuente, sin embargo, le faltaba la unción del Espíritu (Hechos 18:24-28). Jesús mismo, no principió su ministerio, sino hasta que fué al Jordán. El apóstol Pablo hablando a los hermanos de Corinto dice: Ni mi mensaje ni mi predicación fueron con palabras persuasivas de sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de Poder. Es el Espíritu quien nos revelará la Palabra, nos enseñará y guiará a toda verdad. Si para la elección de quienes iban a servir en las mesas, escogieron hombres llenos del Espíritu Santo y de sabidur1a, ¿Cuanto más se requerirá de nosotros, que hemos de enseñar?

 
    3.    Levantar Altar:
El levantar altar era una práctica de quienes gozaban de comunión con Dios. Es figura de una vida devocional. No se puede estar sirviendo, sin antes haber estado a los pies del Señor (Lucas 10:38-42). Para hablar lo que Dios quiere es necesario estar delante de su presencia y oír su Palabra (Jer. 23:18-22). Levantar altar conlleva dedicarse a la Oración en sus diferentes expresiones (Intercediendo, clamando, etc.). El más grande de los maestros solía hacerlo a pesar de las múltiples actividades que su Ministerio requería (Marcos 1:32-35). Anhelemos estar cada vez más, delante de nuestro Dios (Eclesiastés. 8:3a), pero nunca orar imponiéndonos una rutina, esto sería un legalismo y nos conduciría a una religiosidad. Tenemos que ser sensibles a la motivación del Espíritu para levantar altar en todo momento. Un discipulador debe ser como un huerto de riego en donde puedan ir los discípulos a saciar su sed y no como aguas estancadas que al dar a beber les dañen (Isaías. 58:11-12).     
 
  4.    Dedicarse al Estudio de la Palabra:
Todo servidor del Señor debe alimentar su ser espiritual, no importando cual sea su actividad dentro del Cuerpo de Cristo, mas aún, si se trata de los ministerios primarios (Hechos 6:4). Las Escrituras son útiles para enseñar, exhortar, corregir e instruir en justicia (2ª Timoteo 3:16) de ahí la importancia que la Palabra de Cristo habite en abundancia en nosotros (Colosenses 3:16). Como discipuladores debemos conocer la Palabra y usarla correctamente (2ª Timoteo 2:15b) para esto, es necesario dedicarse al estudio de la misma. No se trata simplemente de leerla; hay que meditar en ella y anhelar vivirla (Santiago 1:22). No nos afanemos tanto en preparar un tema, mejor preparemos nuestro vaso, pidiendo al Espíritu nos abra la Palabra y el entendimiento para poder transmitirla. Finalmente recordemos que nuestra tarea es transmitir la doctrina revelada que ha sentado el Apóstol que nos cubre, de tal forma que la misma, pueda ser digerida por los discípulos.
 
CONCLUSIONES:
1. Si no se tiene la convicción de un Cristo resucitado, la tarea discipuladora será un fracaso.

2. Vivir el Evangelio de Cristo teniendo comunión con El es una de las prioridades de todo Ministro del Señor.

3. Para ser testigos del Señor es necesario esperar la promesa del Espíritu Santo mantener la
llenura y dejarnos guiar por El.

4. Estudiar la Palabra es vital para nuestro desarrollo, más aún, para orientar a los hermanos en la fe.
 
Estudiar la Palabra es vital para nuestro desarrollo, más aun, para orientar a los discípulos en la fe. Para ser testigos del Señor es necesario esperar la promesa del Espíritu Santo, mantener la llenura y dejarnos guiar por El.